15 de enero de 2017

Corvo by Symons



En busca del barón Corvo es un libro escrito en 1934 por A.J.A. Symons, que tiene un subtítulo evidente, Un experimento biográfico, y en el que un autor de por sí fascinante como Symons cuenta la vida de otro como Frederick Rolfe (quien se autodenominaba Barón Corvo), quien a su vez escribía novelas en clave en las que venía a explicar o justificar su vida errática y excéntrica. Esta colección metaliteraria de biografías parece un libro moderno de autoliteratura: Symons cuenta el progreso de su experimentación, cómo fue poco a poco recogiendo y consiguiendo información, cómo unas fuentes le llevaron a otras; añade a su texto las cartas que Rolfe y sus sucesivos mecenas, editores o amigos se escribían. Symons no llega a expresar sus propios cambios vitales durante el proceso (algo que Carrère o Cercas sí harían hoy mismo), pero es obvia su conexión personal con Corvo.


Frederick Rolfe (vía)

¿Y quién es Corvo? Alguien que hasta que este libro no llegó a mis manos de mi mejor proveedora de mandanga raruna (el Lector Constante) yo no conocía. Hijo irreverente de, pero imposible sin, la tradición cultural británica, Corvo/Rolfe fue un escritor autodidacta, cultista, fascinado por Italia, y homosexual (en Wikipedia dicen que no tan reprimido como podría parecer en el libro de Symons, claro que Symons escribe en 1934 y no puede contarlo todo) con un carácter orgulloso, cuya vanidad y soberbia le enfrentaron a todos aquellos colaboradores literarios, protectores y editores que cayeron inicialmente fascinados ante la calidad de sus escritos –aunque sólo fueran sus misivas personales, también suntuosas y hermosas- y la inmensidad de su cultura, y le llevaron a vivir una vida nómada y episodios de profunda miseria, lastrada también por su principal frustración, casi una fantasía dada su personalidad: no conseguir ordenarse sacerdote católico, un agravio que se sumaba a los agravios personales y sociales que consideraba que habían cercenado su vida y su talento. Cierto es que sufrió episodios injustos, pero su arrogancia intelectual no concebía comprensión hacia los demás.


Portada de Adriano VII, la novela más conocida del barón Corvo, en la que un hombre cuyo rechazado acceso al sacerdocio se compensa al ser nombrado papa inesperadamente.

En busca del barón Corvo se acerca a la genialidad por momentos. Symons aprovecha la peripecia vital y personal de Rolfe para también describir la vida cotidiana y profesional de las personas interesadas en la creación y el arte en el cambio de siglo. La psicología de Corvo no es precisamente un caso ejemplar, pero sí tremendamente atractivo. Escribe Symons con asombro de su personaje pero nunca olvida cierta ternura ante su carácter exagerado. También comprende a los que se relacionaron con él. Y es en sí mismo un escritor que no rehúye analizar a todos ellos a partir de las cartas y escritos que consiguió en el proceso, siempre con una gran racionalidad y aparentemente sin dejar su propia huella personal, cosa que no es obviamente posible. La estructura del libro, con su final conocido y su tono de investigación literario científica, es habilidosa y envolvente, y ciertamente un experimento que aunque no aparece en el gran canon parece muy inspiradora de la práctica actual de determinado género biográfico novelesco y algo complaciente.

Lógicamente, esto debería completarse con una lectura de una biografía de A.J.A. Symons. Lo estupendo es que existe y la escribió su propio hermano…


A.J.A. Symons (vía)

28 de diciembre de 2016

Bilbao en las revistas


Durante el siglo XIX el impacto de las revistas ilustradas en la comunicación europea permitió que lectores de todo el continente descubrieran imágenes del mismo gracias a las facilidades de reproducción. Bilbao como ciudad no fue una excepción -tampoco fue el único lugar objeto de este desmán de la ilustración, obviamente-, y este libro, Bilbao en las revistas ilustradas 1843-1900, de Javier Viar, resultado de una exposición realizada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, es un resumen de ello. Restringido al Gran Bilbao para acotar el objeto de estudio, el libro se convierte en estudio de evolución históricovisual de la ciudad durante especialmente la segunda mitad del siglo XIX, con la guerra carlista de los años setenta (las batallas de Somorrostro y la entrada de Concha en Bilbao, sobre todo) como principal foco, y el desarrollismo urbanístico e industrial como segundo.


La víspera de la batalla, 1874, de Josep Lluís Pellicer

Puente e iglesia de San Antón, 1874

No obstante, el libro no deja de ser una compilación analizada de imágenes artísticas, y un libro de crítica más que un desarrollo histórico. De este modo, el foco principal son los autores y el estilo cambiante a lo largo de las décadas de los diferentes autores, acompañado también de la mejora de la técnica y las posibilidades de publicación. El método lleva a Viar a recopilar las imágenes de cada revista y a repetir por ello determinadas estampas de muchos acontecimientos históricos en páginas diferentes y en ocasiones muy lejanas unas de otras. El prolijo análisis de publicaciones, autores y láminas puede resultar exhaustivo para la parte digamos más esperablemente entretenida de la lectura: el devenir histórico, el descubrimiento de lugares que ya no existen, o el sueño de lugares que pudieron ser distintos a como son.


El roble secular de Arbieto, 1880, por Rochelt y Rico.


Visita de la Reina a la Orconera y a la Familia del Carmen, 1887.

Astilleros del Nervión, 1889

Las revistas ilustradas son un fascinante reflejo de una forma oficial de hacer historia que hace 150 años empezaba a ser consciente de las posibilidades visuales de la comunicación. Viar tiene momentos de buen análisis en esto, al mostrar la escasa concienciación social que mostraban las elegíacas imágenes de la dura vida obrera en las minas y hornos de finales del XIX, o la visión moral que se desprende de las imágenes que diferentes autores realizan de hechos similares. No obstante, el libro no es lectura del todo fácil, a pesar de la multitud de ilustraciones: incondicionales de la historia del arte, de la historia de Bilbao, y de la propia ciudad son sus principales destinatarios. Pero la estructura comentada le pesa y requiere constancia lectora. Tampoco ayuda los varios quintales que pesa, pero, je, Bilbao no requiere menos…

Tablero del puente de Bizkaia, 1893. Josep Passos Valero

Preparativos del 1º de mayo, de Vicente Cutanda. Cuadro del museo de BB.AA. de Bilbao, base de algunas ilustraciones en las revistas.

Javier Viar (vía)



12 de diciembre de 2016

El caso Winslow


Conozco The Winslow Boy gracias a la película que David Mamet dirigió basándose en la obra de Terence Rattigan, estrenada aquí como El caso Winslow. Tengo un recuerdo excelente de esta película, que se ha confirmado también al leer la obra original en este volumen que conseguí durante el verano gracias a la retrospectiva que el National Theatre ha dedicado a Rattigan en 2016, en la que han representado varias de sus obras. Otras obras de Terence Rattigan que han conocido versión cinematográfica son The Deep Blue Sea, La versión Browning, o Mesas separadas.

Winslow padre y Winslow hijo

La obra data de 1946 pero se sitúa varias décadas atrás, en la época del sufragismo. El hermano pequeño de una sufragista, Ronnie Winslow, es acusado en la escuela naval donde estudia de robar el dinero de un giro postal, y consecuentemente expulsado. El padre cree al hijo e inicia un largo proceso de recursos y vistas judiciales en que la familia contrata a un prestigioso abogado, y en el que deben luchar contra instituciones asentadas no acostumbradas a los nuevos tiempos. Las consecuencias económicas y personales sobre el conjunto de la familia resultan importantes, por supuesto.


El abogado prestigioso y ambicioso saluda a la hermana del chico Winslow

Rattigan combina maravillosamente acción y subtexto, trabajando a la par las relaciones familiares (la educación cercenada del hijo mayor, el noviazgo de la hija sufragista, o las relaciones entre generaciones) con la situación política y social que implica el juicio (la falta de transparencia del gobierno, el desprecio por los derechos individuales). El personaje de Catherine Winslow, la hermana, permite concretar las estructuras que atenazan a la familia gracias a su situación: su posible matrimonio, sus pretendientes, los intereses más o menos bien intencionados de sus padres. Todo ello se desarrolla en un único escenario, el salón de la casa, con tres zonas más o menos en off: el jardín, la biblioteca, el vestíbulo, y la narración de lo acontecido fuera de la casa (las salas de juicios, el colegio de Ronnie). La combinación inteligente de todos los elementos en los diálogos y la profundidad psicológica de cada personaje obran el milagro: no subrayar en ningún momento, ser sutil en las dobles intenciones como manera de expresarse casi libremente en una sociedad anticuada pero cambiante, mantener un ritmo endiablado sobre los hechos -que siempre suceden fuera- que alteran la vida del pequeño salón de los Winslow, y permitir que el manto de la duda sobre lo sucedido verdaderamente en el caso nunca quede del todo aclarado, aunque lo parezca. Las consecuencias en la vida y carácter de cada personaje tras la experiencia agotadora que se ven obligados a vivir son más importantes. También las consecuencias que se adivinan sociales y judiciales del propio caso, por supuesto.

Terence Rattigan, por Allan Warren (vía)


24 de noviembre de 2016

Ética de la marica pura


Paco Vidarte estaba en el epicentro del movimiento LGTBQ en España cuando Zapatero, en 2005, dinamita las dinámicas españolas (y puede decirse que mundiales, que se desencadenan a partir de entonces) de los movimientos LGTBQ con la regulación del matrimonio igualitario. El conflicto entre una exigencia revolucionaria y la concesión de un derecho cortocircuitó el sentido de la militancia, que se enfrentó a una necesidad de redefinición. Ética marica, el último libro de Paco Vidarte, escrito en menos de un mes y publicado un año antes de morir, se dedica a ello. No sin cierta carga de drama, ya que Vidarte necesita encontrar un discurso que justifique que las decisiones del poder puedan favorecer a una minoría si no hay un precio a pagar…


(vía)

Puede ser todo un placer culpable leer al lenguaraz Vidarte despojarse de toda corrección y utilizar todo tipo de recurso semántico capaz de provocar, o reinventar de manera francamente divertida el lenguaje a su antojo, aunque partiendo en general del vocabulario de la subcultura gay. No obstante, pasado el choque inicial del estilo, y de las autoconfesadas prisas en su escritura, Vidarte intuye más que expone el problema y es lúcido en señalar la fuerza del capital en arrastrar a la militancia noqueada por las bondades del zapheterismo, aunque la solución subrayada repetidamente es que una ética general de una minoría debe considerar a todas las minorías o no sería tal. Parece de todos modos increíble que no sea capaz de dar nuevos caminos de trabajo para el movimiento LGTBQ dentro de sí mismo: el trabajo diario, la acción continua… pero ¿haciendo qué? ¿con qué objetivo? Esto sucede posiblemente por el impacto cercano de las leyes, pero con el tiempo se han revelado esas necesidades (regulación contra los ataques y crímenes de odio, educación, mejora de las leyes de transexualidad, etc…). Vidarte obviamente no puede aceptar el posibilismo y necesita la implantación pronta de la proclama, que se desactiva cuando el enemigo aparenta, incluso resulta, no serlo. Claro que el poder crea el entorno debido de creación de desigualdades, pero la praxis inteligente debería tener una hoja de ruta, más allá de la necesidad de actuar sea como sea.


(vía)

Lo que sí hace estupendamente Vidarte es explicar los comportamientos de la minoría LGTBQ ante la mayoría heterosexual, repentinamente atónita ante una realidad tradicionalmente negada. Las dos éticas maricas prácticas que describe, la de solicitud continua (ejemplificada en el perro que siempre pide migajas, las que sean, de la mesa donde comen los señores, y que ahora no debe dejar de pedir) y la de negación (en la que se cierra la puerta al heteropatriarcado y se le niega, por ni tan siquiera merecerlo, la simple posibilidad de entender la cultura y el comportamiento LGTBQ), resumen ejemplarmente pautas habituales.

Es una pena que Vidarte no siga soltando bofetones libertarios como los que encierra este libro. Una lástima también que no haya presenciado los cambios políticos sucedidos en España desde su muerte. Ética marica es un libro divertido, dinámico, agitador y procaz. Puede uno no estar de acuerdo, puede incluso intuir que un lenguaje formal habría sido más efectivo en según qué círculos. Pero se antoja un libro irrepetible.

Paco Vidarte (vía)

12 de noviembre de 2016

Kew


A veces, cuando visito una exposición o un monumento determinado, y sé que las fotos no me lo traerán de veras al recuerdo, intento comprar, si merece la pena, un libro de la Gift Shop del mismo, que con el tiempo y la lectura me recuerden la experiencia estética, y que además, de por sí, puedan merecer la pena. Me es más relevante, porque ya la memoria no puede con todo, y porque creo que con los años, siendo parte ya de una audiencia más trabajada, los impactos parecen durar menos.

Palm House es la principal instalación botánica del parque (vía)

Kew Gardens es el parque jardín botánico nacional británico. Está situado a las afueras de Londres, camino de Heathrow, y es un lugar inmenso que incluye pequeños palacetes, construcciones ornamentales, un jardín botánico en sí, un pequeño museo dedicado a reproducciones modernas y clásicas (fascinantes) de fauna, algunas instalaciones modernas, un bosque aparentemente asilvestrado, etc… Nunca había estado en ellos hasta este año, era siempre una visita postergada, pero por fin se dio una serie de circunstancias favorables, entre la que el clima fue una, la disponibilidad de un día fue otra. A la salida me enamoré de este pequeño volumen que reproduce uno de los primeros libros escritos sobre Kew, a principios del siglo XX, con ilustraciones clásicas a cargo de Edward Bawden, y que incluye también una historia de la formación y cuidados de los jardines, no siempre modélicos, desde que en el siglo XVIII se empezaron a diseñar con las acciones inmobiliaria y botánica de la familia real. Kew es conocido ya en aquellos tiempos por la presencia del rey Jorge III, que lo utilizaba para descansar de su locura, y su abundante familia, caricaturizada hasta el infinito.


Estas caricaturas (algunas expuestas en Kew Palace, las hay también abundantes en algunas exposiciones en Bath), el facsímil de la obra original, las adorables reproducciones naif del libro, o los pósters que invitaban a la población a acercarse a los jardines, adornan un texto histórico que recuerda algunas instalaciones ya perdidas y otras aún en pie. El volumen no es crítico sino que forma parte de la sólida (en todos los sentidos) tradición británica de celebración irónica de lo institucional, acorde posiblemente con el origen georgiano del parque. El disfrute es casi exclusivo para los visitantes que, como yo, tal vez por la perfección del día y ánimo, hayan tenido su pequeño Stendahl un día, en Londres, en el parque. Y demuestra que no soy el único.

Edward Bawden, por Howard Coster (vía)

29 de octubre de 2016

En familia


Según la nota que el autor incluye al final de este libro, los diez relatos que componen Física familiar, de Jon Bilbao, se dividen en tres apartados por su origen diverso, desde relatos inéditos a una versión revisada de su primer libro, pasando por relatos aparecidos en otras antologías. La gran mayoría de ellos versan ciertamente sobre relaciones familiares, aunque no todos. El primer relato da sentido directo al título del libro, pues juega con el principio de incertidumbre (aunque confundiendo el nombre propio de su formulador) en una acertada comparación sobre la imposibilidad de conocerlo todo de otra persona, especialmente de tu pareja.

Dado que el libro cubre en principio varios años del proceso de escritura de Jon Bilbao, puedo aventurarme a ver intereses constantes que también encuentro en los otros libros que he leído de él, Shakespeare y la ballena blanca, y Padres, hijos y primates: las grietas en la joven familia burguesa aparantemente triunfadora, o el poder de la naturaleza como fuerza que amenaza la supuesta civilización, encarnada en más de una ocasión en animales que no se comportan como los humanos esperan. Bilbao es un especialista en relatos y Física familiar es el primer libro de relatos que leo de él, pero tengo pendientes el más antiguo Bajo el influjo del cometa y el más reciente Estrómboli. En ocasiones trabaja la parábola de una manera clara, pero lo que más me ha gustado en varias de las historias de Física familiar es cierta relajación del conflicto que un relato corto siempre necesita, en principio en abundancia, para acabar en pequeños anticlímax de gran inquietud.

Jon Bilbao escribe con un estilo sencillo y en general narrativo sin complicaciones. Su fuerza está en el manejo del ritmo del relato y en el subtexto de la historia, surgidas de una evidente lucidez en la observación social y familiar, que no necesita de ironía para subrayar su valor. Hoy tiene mucho campo desde el que alimentar este interés, desde luego. Lo mejor es que se está convirtiendo en un autor familiar. ¡O tal vez eso no es lo mejor, precisamente!

Jon Bilbao, fotografiado por Markus Rico (vía)



12 de octubre de 2016

1860. Capítulo 5


La tentación en esta reseña de Viva, el quinto libro de la serie histórica de Patrick Deville consagrada a la historia de la humanidad desde 1860, aproximadamente, es decir que por primera vez el protagonista es un país, México, como epicentro de las políticas de izquierda durante los años 30 y 40 del pasado siglo, y no un personaje. Viva (título también del original francés) no es una novela completamente centrada en un personaje, como lo era Peste & Cólera en Alexandre Yersin. Se parece más a Pura Vida o Equatoria, que son más corales aunque William Walker y Pierre Savorgnan de Brazza sean los personajes eje. En Viva sin embargo, sí hay un personaje eje que sin embargo no es alguien olvidado por la historia, sino uno de los personajes más famosos del siglo XX: León Trotsky, quien sí hiciera la revolución (en ocasiones, en el libro aparecen Sandino, Bolívar o El Che y parecen saludar al jefe del Ejército Rojo) y triunfara en ella, para luego caer en desgracia y convertirse en proscrito de la Historia.

León Trotsky

Trotsky, de vocación fundamentalmente literaria, comparte bastante protagonismo en paralelo con Malcolm Lowry y su propia odisea maldita en busca de la escritura de Bajo el volcán, sucedida sobre todo en México. Un México donde también acaban comunistas españoles, fascinantes anarquistas europeos (B. Traven/Torsven/Ret Marut), y donde el mundo artístico en que participaban Frida Kahlo o Diego Rivera se entrelazaba con los comunismos oficial y el de la IV Internacional, y donde la conspiración estaliniana alcanzó una de sus principales cimas. El libro, como en los anteriores, viaja mucho, pero la sensación de México como epicentro es grande. Veremos la Rusia de los viajes de Trotsky y la Francia de su primer exilio, y ciertos apuntes a su exilio posterior. Otros personajes que también surgen o terminan en México nos proporcionan apuntes algo menores de otros lugares.

Malcolm Lowry (vía)

No quisiera que estas reseñas de la serie acabaran convirtiéndose en una comparación entre libros, pero resulta inevitable cuando la familiaridad literaria empieza a imponerse. Viva recoge a un personaje más obligado a viajar que necesitado de ello por un prurito interior, desde su papel en la Revolución Soviética a su persecución hasta la muerte en manos de Ramón Mercader en 1940. Aspira a ser un escritor, y muchos le reconocen como excelente en esa labor, y como tal posiblemente un ser estático aunque necesitado de conocimiento e inquieto por naturaleza, al que el libro comienza a describir en su conocido destino final. Tal vez Deville, como Trotsky, se fascina de ese México postrevolucionario y necesita por ello incluir más personajes con esa misma fascinación, como ese destrozado Malcolm Lowry, escritor como Trotsky, pero hijo de un acaudalado británico que pagó su vida de excesos en busca de una obra maestra. Deville no afronta su retrato de manera diferente a los anteriores: la documentación le sirve para establecer nexos históricos entre viajeros y revoluciones, y conexiones sorprendentes entre los diferentes protagonistas, haciendo de la Historia un juego fluido, una rueda de repeticiones, que alivia con humor y cierto desencanto que, en esta ocasión al igual que en Pura Vida, tiene que ver con la aparente relación necesaria entre revolución y traición, y el sempiterno desencuentro de las izquierdas. Lo cual no impide su retrato certero y preciso de personajes, de sus intenciones, y una empatía con casi todos ellos en una cercanía psicológica que los historiadores no suelen ejercer. Trotsky no es tan malvado como Walker, ni un beato como Yersin, sus matices son más complicados: pocos han escrito la teoría y ejercido la práctica de la Revolución con, al menos, algo de éxito.

Ramón Mercader (vía)

Deville también viaja y conoce a los herederos supervivientes de algún protagonista, recuperando su presencia en el libro, aunque en los anteriores su inmersión era mayor. Tal vez más que tentador será tópico ver en este libro dedicado tan profundamente a México un carácter más evasivo ante hechos incomprensibles acontecidos en un país incomprensible.

Mi agradecimiento a Sergio Sánchez por el volumen. La intención es hacer que Viva rule. Si alguien lo quiere, que silbe por favor…

Patrick Deville (vía)